viernes, 13 de marzo de 2015

Había una vez...

...una princesa, que creyó conocer un príncipe azul, de esos de antes, de los de capa y caballo blanco, de esos que van por el mundo rescatando damiselas en apuros y que claro, terminan casándose con una princesa.

Todo era perfecto, el cuento tenía desde bruja mala, hasta hada madrina, y la princesa, feliz por haber encontrado su destino, se casó con el principe y se dispuso a comer perdices y a vivir felices para siempre.

Pero las cosas se pusieron difíciles, la bruja mala hacía de las suyas, la magia del hada madrina no siempre alcanzaba y el príncipe en cuestión andaba por ahí, metafóricamente hablando, claro, soñando con sus propias fantasías.

La princesa se fue poniendo triste, muy triste, y se dio cuenta que necesitaba muchas cosas que su príncipe, por más caballo blanco que tuviera, no podía conseguirle. Pero ella no había aprendido otra forma de conseguir las cosas, y le pedía y le pedía y el principe la miraba en silencio y la princesa cada día se ponía más y más triste.

Un día empezó a llorar, y con cada lágrima su príncipe se desteñía. Primero fueron los zapatos, y la princesa decidió comprarle zapatillas. Luego los pantalones, y la princesa pensó, que como era verano, bien podían volverse bermudas.
Pero la princesa seguía triste, muy triste y las lágrimas seguían destiñiendo poco a poco a su príncipe, hasta que del azul de los cuentos quedaron solo los recuerdos.

No es que el principe fuera malo, al contrario, sólo que no era azul...

Y entonces la princesa se dio cuenta de que ya no quería vivir ese cuento, y lloró tanto tanto tanto que de su cuento de hadas, no quedó más que el "habia una vez..." escrito en unas páginas mojadas.

Y la princesa empezó a recorrer un nuevo camino, decidió que debía aprender a conseguirse ella misma las cosas que deseaba, pero no sabía como. Nadie le había enseñado que pasaba si no comían esas benditas perdices... y vivían por siempre felices...y ella no sabía como seguir.

No quería buscar otro príncipe azul, porque la experiencia le había dicho que sólo existen en los cuentos de hadas, y que destiñen con agua salada, y ella por desgracia, era muy llorona. No siempre lloraba de tristeza claro, a veces de emoción, o de felicidad, pero no era cuestión de arriesgarse, todavía tenía todo el vestido lleno de manchas azules del príncipe anterior...

Se sentía sola y perdida, aunque no lo estaba. Tenía muchos y muy buenos amigos, tenia tambien a su familia, pero ninguno de ellos podía ayudarla a conseguir eso que tanto quería, un gran amor y su propia familia.

Un día de primavera, lloraba tanto tanto que casí llovía, y de pronto, salió el sol, y ese sol formó con sus lágrimas el más hermoso arcoiris que había visto nunca, tan hermoso era que se olvidó porque lloraba, y milagrosamente, cuando se secaron sus lagrimas, el arcoiris no desapareció.

Cuando dejó de llorar vió que ese sol en realidad no era un sol, era una sonrisa, una sonrisa hermosa de un hombre que la miraba en silencio.

Y la princesa, sin pensarlo siquiera, se enamoró.

No era un principe azul, por suerte, era un hombre nomás, un hombre increíble, de mirada profunda y sonrisa amorosa, de cabeza dura y corazón enorme, dueño de un alma dulce, un hombre real, con todos sus defectos y todas sus virtudes, a quien la princesa poco a poco aprendió a amar.

El también la quería y empezaron a soñar una vida, tomados de la mano, caminando y aprendiendo juntos, conociendose, descubriéndose, adorándose cada día mas.
La princesa seguía llorando, a veces de tristeza, otras de alegría, pero su hombre por suerte, no se desteñía.

Tan concentrada estaba viviendo este sueño increíble que no se daba cuenta de su vestido manchado de azul. Hasta que un día alguien le dijo de su vestido manchado y ella lo vió, y recordó ese príncipe que había amado un día... lloró un poquito, o quizás mucho, porque como ya les conté, se trataba de una princesa muy muy llorona.

Se miró en el espejo, y se sacó el vestido, ya no le servía, ya no era princesa, ahora era Mujer, SU Mujer.

Se secó las lágrimas, y se sonrió a si misma, con la alegría anticipada de lo que iba a vivir... Y tomó otro vestido, uno de todos colores, como el arcoiris, y salió corriendo a encontrarse con él... a vivir ese amor increíble y poder ser felíz esta vez.

(este cuento lo escribi originalmente el 11 de junio del 2010 en mi otro blog www.kickucita.blogspot.com.ar y cuando vi la foto me acorde, les dejo el link por si quieren chusmear, no estoy del todo convencida de si es bueno o no que las cosas permanezcan en el tiempo inmutables, como siempre presentes, pero en definitiva es parte de mi historia, y porque no compartirla con ustedes, quizás a alguien pueda servirle, ojala )  

http://kickucita.blogspot.com.ar/2010/06/habia-una-vez.html

sábado, 7 de marzo de 2015

Kamikaze del amor

Cuando era chica me decían que era una enamorada del amor y hoy puedo decir sin vergüenza que así era.
Siempre me resultó algo fascinante la capacidad del ser humano de amar, y la mia era algo fuera de lo común, para que negarlo.
Lectora desde temprana edad me dejaba transportar a mundos de fantasía donde todo era posible, y a mis ojos el mundo era perfecto y el otro, también, (y que el otro sea perfecto es fundamental para poder enamorarse) y asi iba yo enamorandome por la vida y claro sufriendo como loca, porque de perfecto tenían lo mismo que tenia yo... o sea nada.

Y así fue que viví mis grandes amores, y con ellos mis grandes dolores, que no fueron tantos, en rigor de verdad, pero si fueron intensos... me casé, me divorcié, después vino el tano, del que ya han tenido oportunidad de leer un poco también y del ultimo, del año pasado me di cuenta que ya no escribí nada, y me pregunto porqué.
No es que no me haya enamorado, ni haya sufrido, porque si lo hice... y lloré como loca también, y tuvo su cuota de poesías y hasta alguna canción sin terminar también, pero acá no puse nada. Reflexiones cero.

Será que finalmente estoy aprendiendo o será que yo también me estoy entregando al pánico generalizado que veo día a día que nos envuelve como sociedad?
Tenemos miedo a amar. Miedo a conectarnos con el otro, miedo a necesitarnos. Miedo a sufrir, miedo al rechazo... necesitamos que Tinder o Happn nos diga primero si al otro le gustamos para animarnos a hablar, se perdió la emoción de la sonrisa en el bar o en la fila del supermercado. Primero seamos amigos en facebook y después vemos si salimos.

Y no digo que no eh? Como no tener miedo con lo que cuesta superar tantos dolores, con lo difícil que es volver a armarse después de que quedamos solos? Cuando crecemos y entendemos que no se trata de enamorarse sino de amar, que no se trata de ser perfectos sino de aceptar las imperfecciones del otro y trabajar juntos en eso? Como no tener miedo cuando ya sabemos sin lugar a dudas que enamorarnos es el primer paso para sufrir, pero también es el primer paso para disfrutar de tantas cosas, para poder ser felices de tantas maneras que solo de a dos se puede ser...

Hace un tiempo leí que la única forma de lograr que el amor dure es siendo uno mismo y que el otro también lo sea y desear que coincidan... bueno, yo soy esto... yo soy alguien que a pesar de todo sigue creyendo que vale la pena intentarlo, que esta convencida como dice Sabina que "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" y que sólo voy a arrepentirme realmente de lo que no intente...
Y acá estoy, a pesar de todo, sin arrepentirme de ninguna de las lágrimas que lloré porque fueron consecuencia de muchísimas sonrisas. Y es por eso que sigo acá, actuando en consecuencia, dándome la cabeza contra la pared una y otra vez hasta que sea o muera en el intento... porque estoy convencida que no hay mejor manera de morir que morir por lo que uno cree con cada fibra de su ser y de su ♥ que es lo que importa :)