Cuando eramos chicos y mi mamá hacía torta nos dejaba lo que quedaba pegado en el bowl para que comieramos con el placer anticipado de la torta en el horno.
Le decía "La Raspa" y para nosotros era la gloria. Le tocaba comerla al cocinero asistente de turno (que ni lerda ni perezosa en general era yo) y compartirla si algun otro se avivaba. Para cuando llegaba el último en general nos habiamos raspado hasta parte del bowl :) y venía la consabida frase que acompañó muchos momentos de nuestra infancia y que ocasionalmente hoy lo sigue haciendo "Buey lerdo bebe agua turbia". Tardamos varios años en saber lo que era un buey pero todos entendíamos el concepto. Eramos 5 y había que ser rápido.
Pero mamá siempre quiso ser justa y más de una vez estábamos alrededor mirando con ojos implorantes como volcaba la torta en la tortera deseando en silencio que quedara suficiente. Y fue así como las "Raspas" se fueron volviendo mas abundantes y las tortas mas chicas.
A mamá nunca le preocupó que la torta cruda nos fuera a dar dolor de panza, no porque no fuera buena madre al contrario, sino porque sabía que era más importante regalarnos para siempre el recuerdo para que cada vez que hagamos una torta, recobremos ese pedazo de infancia.
Gracias mami por hacer de esas pequeñas cosas recuerdos imborrables y por hacerme desear con toda el alma algún día ser la mitad de madre que vos sos. Te quiero.