martes, 5 de mayo de 2015

Confesionario...

Hace una semana empezó nuevamente el reality mas antiguo y más famoso del país, Gran Hermano. Muchos de ustedes no lo sabrán pero para la primera edición del reality que se hizo en el 2001 y antes de tener idea de que se trataba el programa, con mi hermana nos presentamos al casting.

En ese momento no se tenia idea de que iba a terminar siendo una ventana tan importante, un lugar de exposición tal que aun hoy muchos de los que estuvieron en esa casa siguen siendo famosos y trabajando en los medios de comunicación, de esa y de sus sucesivas ediciones.

Tampoco sabíamos en ese momento que para quedar seleccionados, era más importante mostrar las miserias que las bondades, por lo que, acorde a la lógica para nosotras incorporada hasta ese momento, que decía que cuando uno iba a una entrevista de trabajo o a un casting como en ese caso, tenía que mostrar su mejor cara y su mejor versión,  nos pusimos lindas y cuando nos preguntaron sobre nuestra historia y nuestra familia no dijimos mas que cosas lindas y maravillosas.

CRASO ERROR! si hubiéramos sabido entonces lo que sabemos hoy, y a pesar de saber eso aun hubiéramos querido entrar a la casa, claro está, habríamos contado cuanta miseria hubiésemos podido recordar de nuestras respectivas infancias, exageradas al punto del gitanismo y porque no alguna que otra mentirita piadosa que luego podríamos confesar debidamente en el confesionario instalado a tal fin dentro de La Casa.

Pero no sabíamos, y por lo tanto no lo hicimos, y no pasamos de las primeras etapas.  Por suerte, dirán algunos, por desgracia? je ne sais pas...

Me recuerda a un cuento que nos contaba mi papá que quizás les cuente en otra oportunidad pero que en esencia cada vez que al protagonista le pasaba algo y le decian que buena suerte que tenes, o que mala suerte que tenes, el decía... buena suerte, mala suerte quien lo sabe.  Y es verdad.